Blog

Hacia un Nuevo Paradigma de la Infraestructura Verde en Canarias: La Transición del Jardín Ornamental al Ecosistema Urbano

No hay comentarios

Los Jardines de Canarias

Las Islas Canarias, por su condición de islas oceánicas y su aislamiento geográfico, han funcionado durante millones de años como auténticos laboratorios de vida. Consideradas por la comunidad científica como las «Galápagos de Europa», las islas presentan un valor biológico y geológico que atrajo a los naturalistas más insignes de la historia.

Desde el siglo XVIII, figuras como Alexander von Humboldt o los botánicos del Real Jardín Botánico de Kew pusieron su mirada en el archipiélago. Un hito de esta fascinación científica ocurrió en 1777, cuando se desarrolló en los Reales Jardines Británicos un híbrido entre dos plantas del género Pericallis de la isla de Tenerife Pericallis cruenta y P. lanata, conocidas en la actualidad como las Cinerarias (Pericallis x híbrida), demostrando el interés temprano por la capacidad de cultivo y adaptación de nuestra flora. Incluso Charles Darwin intentó desembarcar en Tenerife para estudiar su biodiversidad, aunque una cuarentena por cólera se lo impidió, dejando a las islas como un referente constante en su imaginario científico.

Históricamente, los jardines en Canarias han sido espacios de transición entre América y Europa, llenos de especies foráneas de gran atractivo visual pero escaso valor ecológico local. El nuevo paradigma propone invertir esta mirada para centrarse en las grandes olvidadas: la flora nativa y endémica, esas mismas maravillas que trajeron a los mejores naturalistas del momento.

El cambio de paradigma implica dejar de ver el jardín como un elemento puramente estético (un objeto «bonito») para entenderlo como un sistema de interacciones complejas. Al utilizar flora canaria, no solo plantamos una especie; estamos activando una red de vida que incluye:

  • Polinizadores específicos: Cada planta nativa atrae y sustenta a insectos y aves locales con los que ha coevolucionado.
  • Refugios de biodiversidad: Se crean microhábitats para vertebrados e invertebrados que han perdido su espacio debido a la fragmentación del territorio.
  • Conectividad Ecológica: El nuevo modelo busca crear corredores verdes que conecten zonas urbanas con espacios naturales, reduciendo el impacto de la fragmentación del hábitat característica de las islas.

El uso de especies autóctonas en la nueva jardinería canaria responde a criterios de eficiencia y sostenibilidad:

  • Resiliencia Climática: Las especies locales están adaptadas a los regímenes de lluvia y viento de las islas, requiriendo un mantenimiento hídrico significativamente menor que las especies tropicales o continentales.
  • Preservación de la Diversidad Genética: Al fomentar su cultivo en zonas verdes, se asegura la conservación de reservorios genéticos que han tardado millones de años en evolucionar.
  • Y un largo etcétera

Recientemente, la Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias ha publicado un nuevo Manual de buenas prácticas para fomentar el uso de flora nativa en jardinería. Esta guía nace para dar respuesta a una necesidad urgente: promover alternativas sostenibles frente a las especies exóticas y avanzar hacia un paisajismo más responsable.  Dirigido tanto a administraciones públicas y profesionales del paisajismo como a la ciudadanía en general, el manual destaca por ser una herramienta sumamente práctica. Gracias a su detallado listado de especies y mapas de zonificación, permite a cualquier usuario seleccionar con facilidad qué plantas nativas son las más adecuadas y tienen mayores garantías de éxito según la zona exacta en la que se vayan a plantar.

 

El Suelo: “Pilar Invisible en las zonas verdes de la Flora Canaria”

En la gestión de espacios verdes y la conservación de nuestra biodiversidad, a menudo olvidamos que la salud de lo que vemos depende estrictamente de lo que no vemos. Todos los esfuerzos que dedicamos a la jardinería y la restauración ecológica serían estériles sin una mirada profunda hacia el suelo. El suelo no es simplemente un soporte físico; es el pilar fundamental que sostiene la estructura completa del jardín. Existe una correlación directa e indivisible entre la vitalidad de la superficie y la riqueza del estrato que pisamos. Por ello, el respeto y el cuidado del suelo deben ser la base de cualquier intervención.

El primer paso hacia una gestión ecológica real es la erradicación total de sustancias químicas sintéticas. Al prescindir de estos aportes, permitimos que el suelo recupere su capacidad biogénica. Un suelo «vivo» genera, por sí mismo, las condiciones óptimas para que las plantas se desarrollen con mayor resiliencia y vigor.

Respetar la sucesión ecológica es usar la lógica, pues cuando trabajamos con la flora nativa canaria debemos entender que estas especies han perfeccionado sus mecanismos de reproducción durante milenios para subsistir por ellas mismas. Nuestra labor no es forzar la producción, sino permitir que los ciclos naturales completen su recorrido. Acompañar la planta desde su floración hasta su senescencia asegura la producción de semillas viables en el propio terreno y favorece la germinación espontánea. Si respetamos estos tiempos, reducimos drásticamente la necesidad de intervención humana constante (reproducción en vivero y replantación), permitiendo que el jardín se perpetúe de forma autónoma.

El uso de herbicidas es una de las prácticas más contradictorias en la ecología. Su aplicación no solo aniquila la biodiversidad animal y la microbiota (microorganismos esenciales), sino que interrumpe el relevo natural de la flora nativa. Al matar el banco de semillas y las plántulas emergentes, nos condenamos a un ciclo ineficiente de replantación artificial. Debemos replantear nuestra relación con el sustrato. El suelo es el sostén biológico de toda la zona verde que aspiramos a crear. Respetarlo es garantizar el futuro de nuestro paisaje.

Del mismo modo, debemos dejar los elementos orgánicos del ecosistema en el suelo, esto garantiza los nutrientes necesarios para las diferentes formas de vida y se convierte en el hábitat de multitud de animales y microorganismos. Todo material que se pueda picar se incorporará al suelo, así como troncos más gruesos que no puedan ser triturados, pues un tronco muerto da mucha vida.

Un oasis en La Laguna: El caso del Jardín Canario

Así el futuro de las zonas verdes en Canarias reside en la mirada ecosistémica. No se trata simplemente de un cambio de plantas, sino de un cambio de conciencia: pasar de una «mirada de floreros» a una «mirada de ecosistemas». Integrar la belleza intrínseca de la flora canaria en nuestro entorno urbano es el paso definitivo para que las ciudades dejen de ser barreras y se conviertan en puentes de biodiversidad.

Cuando trabajamos con la flora canaria aportamos una Biodiversidad única a las zonas verdes y se genera un mundo de visitantes, residentes,… y un cortejo que acompaña y que enriquece la biodiversidad de la parcela. En aproximadamente una hectárea de terreno en la entrada de La Laguna, en el Jardín Canario del Campus Central de la Universidad de La Laguna, coexisten y se interrelacionan 330 especies de la flora nativa de la isla, 250 especies de insectos, 16 hongos y 26 aves. En total de más de 700 especies en apenas 8.000 metros cuadrados de terreno dando un valor aproximado de 7,5 especies diferentes por cada 100 m2, un verdadero ecosistema latiendo en pleno corazón urbano.

Texto: Borja Arizón

Si quieres ampliar información:

 

Entrada anterior
Actualización del conocimiento sobre las abejas silvestres de Canarias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
Necesita estar de acuerdo con los términos para continuar

Menú